Té frío
En verano el Té generalmente apetece frío. Muy frío. Refrescante y que nos quite la calor.
¿Cómo prepararlo?
Existen varias opciones:
Hacer una infusión de té concentrado. Calentamos agua para una taza de té. Antes de que llegue a hervir apagamos el fuego y añadimos a esa taza cuatro o cinco cucharadas de hoja de té (de tamaño postre). Lo dejamos infusionar el tiempo correspondiente (según qué tipo de té estemos haciendo), y lo filtramos. Luego volcamos ese té muy concentrado en una jarra y le añadimos agua bien fría de la nevera o hielo, si lo queremos beber al momento.
Por el contrario, también podemos calentar un litro de agua, añadirle 5 cucharaditas, dejarlo reposar el tiempo necesario, y filtrarlo. Después hay que dejarlo enfriar y ponerlo en la nevera para que quede bien frío. Eso sí, el té ha de estar bien tapado, parar evitar que se nos oxide por estar en contacto con el oxígeno del aire.
El té frío guardado en la nevera, así preparado, aguanta todo el día perfectamente. También podemos añadir unas gotas de limón, si el té lo admite, para que le haga de antioxidante natural y se conserve mejor.
Feliz té y felices vacaciones!


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'Científicos japoneses observaron que los habitantes de la provincia de Shizuoka, tenían un índice mucho menor de mortalidad por cáncer de estómago que las personas que residían en otras zonas (...) Una vez que los estudios epidemiológicos comenzaron, muy pronto se llegó a la conclusión sorprendente: los pobladores de Shizuoka no sólo padecían menos cáncer de estómago, sino que su índice de mortalidad por cualquier otro tipo de cáncer era también menor.